You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Este Congreso ha tenido su pequeña historia, aunque breve en los hechos, larga en el tiempo. En 1959, en el XXI Congreso, celebrado en Copenhague, se propuso por primera vez la celebración de un Congreso de la A. P. I. en España. La situación política española en aquel momento hizo que la propuesta fuese desestimada. Veinte años más tarde, en el Congreso de Nueva York, se reiteró la propuesta, que por fin, en el XXXII Congreso, de Helsinki, y teniendo en cuenta los cambios democráticos realizados en España, fue aceptada, invitando a la Sociedad Española de Psicoanálisis y a la Asociación Psicoanalítica de Madrid a organizar el XXXIII en Madrid, en julio de 1983.
El éxito del Congreso, tanto en sus aspectos científicos como sociales, hubiera bastado para colmar las expectativas despertadas por él, así como para recompensar el esfuerzo que la infinidad de dificultades materiales a las que nuestras dos reducidas sociedades tuvieron que hacer frente. Recordemos como anécdota el «suspense» en torno a la posible utilización del Palacio de Congresos, ocupado por la Conferencia de Seguridad Europea, que hizo precisas varias intervenciones a nivel de ministros, y que terminó con un cambio de última hora al hotel en que se celebroA.
Pero a la satisfacción por este éxito, reconocido por múltiples testimonios que recibimos, hay que añadir la originada por dos importantes consecuciones.
En primer lugar, con el Congreso de Madrid, primero en un país de lengua castellana, se ha plasmado el reconocimiento a la importante contribución al psicoanálisis de los países en que se habla dicha lengua. Recordemos que el 35 por 100 de las organizaciones componentes de la IPA hablan el castellano y el incontable número de publicaciones y revistas editadas en él. En el orden afectivo, el Congreso dio lugar a entrañables encuentros entre viejos amigos y colegas que comparten esta misma bella lengua.
En segundo lugar, entre la nutrida contribución de los analistas castellanoparlantes, es preciso des