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Excelentísimos señores, señor présidente de la Asociación Psicoanalítica International, queridos colegas:
Tengo un verdadero placer en daros a todos la bienvenida a Madrid, donde vamos a celebrar el XXXIII Congreso de la A. P. I.
Y constituye para mí un doble motivo de satisfacción dirigiros estas palabras de saludo aquí, en Madrid. Explicaré estas dos razones:
Desde que se celebrara en Salzburgo, el 27 de abril de 1908, la reunión fundacional de la A. P. I., es ésta la primera vez que puede celebrarse en España nuestro Congreso. En el pasado, un pasado demasiado próximo quizá, circunstancias políticas impldieron que pudieran congregarse aquí científicos de pensamiento libre y progresista. Concluido el largo período de dictadura, pudo pensarse en la posibilidad de celebrar el Congreso en España, como dichosamente está sucediendo en el acto que ahora iniciamos.
Y me satisface también, y es éste el segundo motivo al que aludía antes, que semejante hecho pueda tener lugar precisamente en Madrid, porque este Congreso, que reúne a los continuadores de la obra y los deseubrimientos de Sigmund Freud, quizá pueda cumplimentar aquel deseo que él expresara de visitar Madrid, manifestado en aquella carta —escrita hace ahora cien años— a Marta, en la que decía:
«… anoche he soñado nuevamente con un viaje, esta vez a España. Vi el “puerto” de Madrid, y me sorprendía cuánta agua corría por el Manzanares…»
No debe extrañarnos en absoluto la sorpresa de Freud, pues si de algo ha adolecido el río Manzanares desde inmemorial tradición ha sido de la escasez de su caudal de agua. Dicha penuria de agua del río madrileño ha sido motivo constante de chanzas, burlas y comentarios irónicos,