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Desde que en 1936 Anna Freud publicara su clásico libro sobre El Yo y los Mecanismos de Defensa (1949), no hubo hasta el presente ninguna otra publicación que encarara este tema en forma tan sistemática. Sin embargo, dudas e interrogantes de importancia quedaron sin despejar. Además, la evolución de los conceptos psicoanalíticos en los últimos años determinó que surgieran consideraciones nuevas sobre diferentes aspectos de las defensas en general y sobre ciertos procesos defensivos en particular.
El descubrimiento hecho por Freud de que tanto lo reprimido como las fuerzas represoras pueden ser simultáneamente inconscientes gravitó mucho en la ulterior concepción de las estructuras en la teoría psicoanalítica. Las ideas que desarrollo después de 1920, sobre todo a partir de su obra El Yo y el Ella (1923), determinaron un cierto apartamiento de sus primitivas concepciones energéticas y cuantitativas, a las que se mantuvo tan firmemente adherido por influencia de sus maestros y de su ambiente.
Según la definición postulada por The Menninger Foundation Psychotherapy Research Project y citada por R. S. Siegal (1969), «… una defensa es una construcción que denota el modo de funcionamiento de la mente. Describe cómo las conduetas, los afectos y las ideas sirven para inhibir, desviar o modular las descargas de impulsos no deseados».
Laplanche y Pontalis (1967) definen las defensas como «conjuntos de operaciones que tienen la finalidad de reducir o suprimir toda modificación susceptible de poner en peligro la integridad y la constancia del individuo psicobiológico. En la medida en que el yo se constituye como la instancia psíquica que encarna esa constancia y busca mantenerla, puede ser descrito como el agente de esas operaciones».