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Parafraseando a Freud, que, en su primera alusión al tema del narcisismo, afirmaba que «el narcisismo es una etapa intermedia necesaria en el paso del autoerotismo a la relación de objeto», se podría decir que el narcisismo es un concepto intermedio necesario en el pasaje de la primera a la segunda tópica, de la primera a la segunda teoría pulsional, y, por tanto, en el desarrollo de toda la investigación freudiana.
El carácter de «intermedio» ya nos indica su aspecto de encrucijada y de puente. Aspecto éste que, por lo demás, va a aparecer bien claramente en el arranque mismo de la temática, en su primera aparición allá por el 10 de noviembre de 1909, cuando, en la discusión de un caso presentado por el doctor Sadger, Freud señalará (cfr. «Les premiers psychanalystes. Minutes de la Société psychanalytique de Vienne. II: », p. 307) que «la acotación de Sadger referente al narcisismo parece nueva y válida… Estar enamorado de sí mismo (de sus propios órganos genitales) es un estadio de desarrollo indispensable. De ahí se pasa a unos objetos semejantes. En general, el hombre tiene dos objetos sexuales primarios, y su vida futura depende de aquel al que se ha quedado fijado. Estos dos objetos sexuales son, en cada caso, la mujer (la madre, la nodriza, etc.) y uno mismo; pero lo importante es liberarse de los dos y no detenerse mucho tiempo junto a ellos… Claro que el individuo no se libera tan pronto de sí mismo, como nos demuestra extraordi-nariamente el caso en cuestión».
Así, pues, el narcisismo es, a la vez, indispensable, y cuanto antes hay que despegarse de él. Paradoja que será expresada muy bella y muy sencillamente por Freud algunos años después en Introducción al narcisismo (cfr. edición de Amorrortu, t. XIV, p. 82) con la frase: «Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que