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Organizado por la Federación Europea de Psicoanálisis, se ha realizado en Marsella, del 30 de marzo al 1 de abril de 1984, un simposio sobre la pulsión de muerte. Allí fueron leídos y discutidos cuatro trabajos presenta-dos por psicoanalistas considerados especialistas en el tema: Jean Laplanche y André Green, de París; Hanna Segal, de Londres, y Eero Rechardt, de Helsinki.
En primer lugar, el doctor Laplanche leyó su trabajo titulado «La pulsión de muerte en la teoría de la pulsión sexual». Comenzó diciendo que adoptar o rechazar la Todestrieb implica un mínimo de claridad sobre lo que Freud ha entendido por Trieb y por Tod.
En lo que concierne al Trieb, la profundización de los estudios freudianos muestra que su traducción por «instinto» no es simplemente inexacta, sino fundamentalmente contraria al pensamiento de Freud, que utiliza en sentidos muy precisos y heterogéneos Trieb (pulsión) e Instinkt (instinto).
En cuanto a la noción de muerte en el Todestrieb, es necesario subrayar tres exigencias freudianas:
La muerte en cuestión es siempre la del individuo mismo y sólo de manera secundaria la muerte infligida a otro. Freud ha rechazado durante años la «pulsión de agresión» que le era propuesta reiteradamente por sus discípulos. En la prioridad del tiempo «auto» reencontramos la misma exigencia que en la prioridad acordada al autoerotismo.
La pulsión de muerte está estrechamente ligada a la noción de principio del cero o de Nirvana (retorno a la ausencia de excitación por las vías más cortas) y a la compulsión de repetición, cuya insistencia se hace cada vez más evidente en la clínica y en la cura (neurosis de destino, repetición en la transferencia, tendencia al análisis infinito, fracaso del paradigma del levantamiento de la amnesia infantil, etc.).
La existencia de una pulsión de muerte al nivel más profundo del ello nunca le pareció a Freud incompatible con las otras tesis que había sostenido: ausencia de negación, de contradicción,