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Con “Amadeus”, la excelente adaptación de la obra teatral de Peter Schaffer, el cine nos invita a replantear el tema de la envidia. Aunque la película puede ser enfocada de diversas maneras, desde un punto de vista psicoanalítico parece obligado centrarse en la locura y la envidia manifiestas del protagonista.
Sin ninguna preocupación biográfica en el retrato que ofrece de los personajes, “Amadeus” nos retrotrae a la Viena de fines del siglo XVIII, en que se produce el encuentro de Antonio Salieri, compositor oficial de la Corte, con Mozart, que llega de Salzburgo. La acción comienza en una época bastante posterior, cuando Salieri, ya anciano y loco, se acusa de haber dado muerte a Mozart. Un sacerdote escucha su confesión y de ella va surgiendo el filme que, según ha declarado el propio Milos Forman, narra la historia de un hombre empujado por la envidia y carcomido por los celos.
El verdadero Salieri fue también un niño prodigio, aunque un poco menos precoz que Mozart. Muy pronto se marchó de su pueblo de Italia para emprender una meteórica carrera musical, que le abrió las puertas de la Corte de Viena a los dieciséis años. El Salieri de ficción de la película admiró siempre a Mozart, a quien envidiaba el tener un padre que lo había ayudado a convertirse en un gran músico. El suyo, en cambio, permaneció ajeno a la vocación y las altas aspiraciones del hijo que, decepcionado, pidió ayuda