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Queridos compañeros: Atiendo con mucho gusto un ruego de nuestro presidente, Juan Francisco, que hoy, en esta Asamblea, justifique yo el homenaje que rinde la Asociación Psicoanalítica de Madrid al inolvidable Ramón del Portillo, en el momento de la colocación de esta estatua que le representa y que, una vez más, le trae a nuestro recuerdo.
Me parece oportuno recordar en este momento unas palabras de A. Garma: “El individuo suele desvalorizar a sus padres… Como en los individuos, ocurre en las agrupaciones. Una Asociación cualquiera que desconoce su historia, se halla en involución, aunque exteriormente su aspecto sea deslumbrante”.
“Si las agrupaciones psicoanalíticas olvidan su historia hay algo en ellas que no transcurre bien, y que conviene modificar…”.
Hace años, en los comienzos del funcionamiento de nuestro Grupo de Estudios de Madrid, Pola Tomás propuso solicitar a la familia Portillo la reproducción de la magnífica cabeza realizada por el escultor Manuel Lavieda, para que pudiera perpetuarse el nombre de Ramón, su memoria, entre los psicoanalistas que nos sucedan.
Esta sugerencia de Pola Tomás fue aceptada por unanimidad y hoy podemos concretarla gracias a la cooperación de Emilio Valdivielso, que ha trabajado con ahinco para que este homenaje pudiera realizarse.
La historia de los albores del psicoanálisis como institución está en marcha, asesorada por los que fuimos primeros