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«… ni el pasado ha muerto, ni está el mañana —ni el ayer— escrito.»
Para empezar estas reflexiones, quiero entresacar algunos párrafos del texto de Freud que nos ha ocupado: «… todos sabemos que es más que dudoso que una formación psíquica cualquiera pueda sufrir verdaderamente una destrucción total. Trabajamos con formaciones psíquicas que percibimos como defectuosas o como aberrantes. Lo percibido puede ser el resultado de un trabajo previo de exclusión, o el resultado de una construcción, o el resultado de la erosión de una formación anterior… sabemos que los síntomas y las inhibiciones son los sustitutos de lo que ha sido olvidado, es decir, que son construcciones parciales… es preciso que el analista reconstruya con lo que ha sido olvidado. La manera y el momento de comunicar estas construcciones, y las explicaciones con que el analista las acompaña, constituyen el trabajo de unión entre los dos protagonistas del trabajo analítico… la reconstrucción es el trabajo preliminar; hacer aparecer lo que está oculto es lo previo y el trabajo psicoanalítico le sucede, pero para ello no es preciso que el primero esté acabado totalmente. Para la arqueología, la reconstrucción es el fin, mientras que para el análisis es sólo el trabajo preliminar.»
Para Freud, el término de interpretación se refiere a la manera en que uno se ocupa de un elemento aislado del material, una idea incidente, un acto fallido, etc., y se puede hablar de construcción cuando se presenta al analizando un período olvidado de su prehistoria, dice Freud, del estilo de: «hasta su cuarto año, usted se consideró como el poseedor único y absoluto de su madre; en ese momento llegó un segundo hijo y para usted la decepción,