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La mente humana parece tener escasa tolerancia para lo desconocido. Como resultado, muestra una tendencia natural a interpretar lo misterioso dentro del marco de referencia de lo familiar. La mente intenta comprender lo desconocido basándose en lo conocido y lo nuevo basándose en lo viejo. Para conseguir esto, recurre a analogías metafóricas e isomórficas.
Las metáforas contienen una comparación figurada. Se usan frecuentemente en proverbios, tropos poéticos, parábolas morales y mitos; pero también se usan en ciencia con el fin de esclarecer conceptos oscuros o comprender fenómenos difíciles de observar(1). Ejemplos de metáforas científicas son la aseveración de Linneo de que la naturaleza, en su variabilidad, va caminando sin dar nunca saltos; la comparación de Cajal de los movimientos ciliares de algunas células a un campo de trigo ondulándose con el viento, o la afirmación de Poincaré de que los números no constituyen la aritmética, como un montón de ladrillos no forman una casa. Muchas denominaciones