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Seguramente ha de ser la tarea más dolorosa de mi período de presidente comunicarles a ustedes el fallecimiento del doctor Angel González Morado.
Puede que mis palabras sean innecesarias, ya que la mayoría de ustedes le conocía tan bien o mejor que yo.
Angel González Morado no fue sólo miembro fundador del Grupo de Estudios de Madrid, del que nuestra Asociación es hoy continuadora, sino también de una Asociación Psicoanalítica Española en los años 50, antes de cualquier reconocimiento de la IPA. Tenía, pues, esa condición de pionero del psicoanálisis, con lo que conlleva de interés, lucha y convicción por el psicoanálisis.
Pero sobre todo era un hombre de bien, un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra bueno, que diría Antonio Machado, y tenía ese señorío tan propio de su tierra. Bondad y señorío que, no me cabe duda, tuvieron gran importancia en que fuese un excelente clínico que supo poner el psicoanálisis al servicio de la ayuda y la felicidad de sus pacientes. Además, era un magnífico enseñante, como dan fe las generaciones que han pasado por sus seminarios y supervisiones.
En ese espíritu de pionero le hemos visto trabajar incansable, pese a su escasa salud, como tesorero durante muy largos años, con un cuidado que fue de gran importancia para permitirnos el traslado a esta nueva sede. Posteriormente, como director del Instituto, y hoy, en una especie de ley no escrita de muchas asociaciones psicoanalíticas, si no lo hubiera impedido su enfermedad, tendría que estar ocupando esta presidencia, que me agrada pensar que ostento, en cierta manera, por los méritos de él y otros como él.
En memoria de Angel González Morado, ruego a ustedes un minuto de silencio.
Rafael Cruz Roche
Presidente de la Asociación Psicoanalítica de Madrid