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Debemos, pues, imaginarnos a don Quijote y su escudero como dos siluetas que van caminando por la planicie sobre un fondo del dilatado crepúsculo manchego y cuyas sombras, una de ellas flaca y alargada y la otra gorda y redonda, llegan hasta nosotros fundidas en forma de molino de viento. La sombra del molino sería así la representación plástica de la simbiosis de don Quijote y Sancho.
Hace varios años escribía en colaboración con G. Onrubia (1 y 2) sobre el delirio compartido de un matrimonio franco-español. Mantengo el seguimiento de Sabine y Francisco, la pareja que nos sirvió entonces para ilustrar nuestras ideas sobre la folie à deux, y que en gran parte las alumbró. Quizá más adelante transcriba nuevas reflexiones en torno a la sorprendente evolución clínica de Sabine y Francisco, pero ahora quisiera hacerlo sobre la andadura de una pareja universal: don Quijote y Sancho. Desde hace varios años venía pensando en ellos como exponente literario de la folie à deux, pero la idea no acababa de plasmarse en reflexión articulada. La «actualizada», estimulante y obligada lectura de Don Quijote de la Mancha (3) para vertebrar y ejemplificar el desarrollo del capítulo inédito sobre «Psicosis y locura» de la Introducción a las ideas de Racamier me decidió finalmente a escribir este trabajo.