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Tratar de entender los procesos mentales de un bebé presenta enormes dificultades. M. Klein (1952) dice que si queremos comprender al bebé, necesitamos no sólo mayor conocimiento, sino también plena empatia con él. Empatía que está basada en el hecho de que nuestro inconsciente está en estrecho contacto con el suyo. Es bien cierto que la observación directa es harto limitada y sólo nos puede aportar una cierta confirmación de los descubrimientos psicoanalíticos. M. Klein nos recuerda cómo los procesos inconscientes son sólo en parte revelados por la conducta, pero que un mayor conocimiento sobré los tempranos procesos inconscientes ha agudizado nuestra facultad de observación.
Por su parte, Anna Freud (1965) ha señalado que la observación directa ha añadido mucho al conocimiento del analista sobre la relación madre niño, así como sobre las influencias ambientales durante el primer año de vida. Al mismo tiempo que dice que ninguno de estos descubrimientos habían sido hechos antes de que los observadores fueran entrenados analíticamente.
Bion (1962) considera que, aunque es muy difícil penetrar en la mente adulta en el análisis, todavía es más difícil penetrar en la mente de un lactante mediante hipótesis