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En este trabajo se hace un balance de las actividades profesionales que psicólogos y psicoanalistas llevaron a cabo a raíz del terremoto de 1985 en México. Se hacen consideraciones prácticas sobre el modo de trabajo y, a nivel teórico, se corroboran los procesos de la segunda teoría de las pulsiones de Freud. La práctica en estas situaciones, si bien da una respuesta a las necesidades del momento, se encuentra limitada tanto en el tratamiento patológico a nivel individual como en el social. La clínica de los fenómenos sociales pone de manifiesto el vínculo objetal mortífero, pero hace difícil cómo explicar los procesos que pueden derivar en sentimiento de reparación con carga libidinal o en actuaciones y reparaciones netamente destructivas. Su representación constituye el fantasma en el pensamiento omnipotente y en la fusión con la «tierramadre» ante la realidad de la muerte.
México, un país en donde son frecuentes los pequeños temblores de tierra y en el que a lo largo de la vida cada individuo ha experimentado varias veces esa sensación, el yo está acostumbrado a dominar la angustia y manejar los afectos, limitándose a decir: «esto tiembla…», «no es nada…», «va a pasar…», tal como desea y ocurre. Pero en 1985 la duración del temblor de tierra fue de siete minutos y trajo consigo ua cantástrofe. En una ciudad de 18 millones de habitantes, los efectos directos sólo afectaron a una minoría, pero desde el punto de vista emocional afectó a casi toda la población, desencadenando cuadros clínicos no sólo a nivel individual, sino social. Esto hizo requerir