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El psicoanálisis infantil, como toda actividad psicoanalítica en general, ofrece una posibilidad inagotable de investigación de los fenómenos psíquicos.
Los aspectos diferenciales del psicoanálisis infantil y adulto son muy numerosos. «El análisis infantil es muy diferente del adulto, tanto en su desarrollo como en su finalidad»(1).
Las diferencias esenciales consisten, como todo el mundo sabe, en el encuadre, el contrato con los padres y el tema tan discutido sobre la neurosis de transferencia. La posición del paciente, la atención flotante y la comunicación (juegos, dibujos, comunicación verbal) modifican la constitución del encuadre. A. Green habla de «representance» (que podemos traducir como representancia) para designar que se pasa rápidamente de un registro (palabras) a otro (dibujo), por ejemplo. Esta variedad, dice M. Ody, puede resentirse como rupturas asociativas, pero éstas no tendrían tanta importancia como el encontrar una distancia óptima en relación con el preconscíente del niño(2), refiriéndose a la dificultad que tiene el analista en estar en silencio o hablar demasiado.