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A mis compañeros, que hicieron lodo lo posible para animarme a que lo publicara. Y a Carlos Ruiz, especialmente, que me envió al «paciente matriuska».
Leo el título no porque haya pensado que no lo habéis hecho vosotros, sino para aclarar algo. El título de «El paciente matriuska» no quiere hacer referencia a la presentación de un caso clínico, es decir, no voy a hablar a la manera clásica de un paciente determinado, con una presentación, un nudo y un desenlace, como se dice en teatro. Es más bien que, apoyándome en un llamado «paciente matriuska» o paciente sorpresa, trato de exponer algo que tiene que ver más con el subtítulo: «Los problemas del candidato en formación». Aclarado este punto, podemos continuar.
Empecé a pensar que tenía que escribir algo parecido a este trabajo a raíz de aquella primera reunión de este curso que tuvimos en octubre pasado, y en la que se notó que algo estaba cambiando: empezábamos a hablar de nosotros mismos, de nuestros problemas. Cuando vine por primera vez a estas reuniones, se trataba más de un grupo de estudio. Había entonces pocos candidatos, y quizá no se sintiera aún esta necesidad de hablar de nosotros y entre nosotros. Luego vino una época en que lo habitual era la presentación de casos clínicos, bien por parte de los candidatos o el trabajo que los candidatos habían presentado para pasar a miembro asociado, casos clínicos