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«El espiritu de la novela es el espiritu de la complejidad. Cada novela dice al lector: las cosas son más complicadas de lo que tú crees.»
Un hombre y una mujer relatan en un cuento y en una novela el mismo fantasma. Fantasma masculino disoclado que se sostiene en una misma mujer que cambia de una a otra posición. Pero si ambas protagonistas atraviesan el camino propuesto hasta el limite, se debe al intento de respuesta a la misma pregunta: ¿qué es ser una mujer? Y aun ¿qué fantasma masculino hay que sostener?
¿Qué hacer con esa cierta bifocalidad, estrabismo del deseo masculino, señalada por Freud en tantos artículos? («Sobre una degradación general de la vida erótica», «Sobre un tipo especial de elección de objeto en el; hombre», «Enamoramiento e hipnosis»).
Ambas protagonistas, Geneviéve en El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, y «la muchacha» del cuento El falso autostop, de Mlilan Kundera, quedan ubicadas en posición de esclavas del deseo de un hombre-amo, y desde allí intentarán acceder al poder sobre ese amo.
Ambas otras se articulan sobre un fantasma masculino hecho propio por dos mujeres en pos de una respuesta, aunque transitoria, sobre la femineidad.
La sexualidad se desarrolla a la manera de un drama del que sólo se sabe la trama. Y la trama encierra necesariamente