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El objeto de este trabajo es argumentar a favor de la total compatibilidad del cuerpo de doctrina que llamamos psicoanálisis con un tipo de abordaje de la realidad que el común consenso intelectual viene a denominar científico. Pese a las acerbas críticas que esta pretensión ha recibido de eximios representantes de la filosofía de la ciencia: Nagel (1959), Popper (1963), Bunge (1969), etc.
Hemos de partir del principio que tanto el término de ciencia como el de psicoanálisis conllevan una importante carga de ambigüedad. Ambigüedad que si, por una parte, dificulta notablemente nuestra tarea, le presta a cambio la riqueza y el interés que poseen.
Las diversas corrientes epistemológicas actuales (in-ductivismo, convencionalismo, falsacionismo popperiano, programas de investigación científica de Lakatos, etc.) no acaban de ponerse de acuerdo acerca de cuáles son las premisas necesarias para calificar a un cuerpo de doctrina como científico. Feyerabend (1970) incluso descarta la necesidad de tal preocupación. Otro autor no tan extremista al respecto, A. Chalmers (1976, p. 230), dice textualmente: «… no necesitamos una categoría de ciencia con respecto a la cual un área del conocimiento pueda ser acla-mada como ciencia o denigrada como no ciencia». Lo importante es, para este autor, que «podamos intentar criticar en cualquier área del conocimiento, criticando sus fines, criticando los medios utilizados para alcanzar esos fines, confrontándolos con un medio alternativo y superior de alcanzar esos fines…».