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Experiencia inédita, porque aunque estuve en España y en Madrid varias veces, ésta es la primera vez que voy a tener el gusto, el honor de dar una charla científica en vuestro medio, y agradezco a la Asociación Psicoanalítica de Madrid que sea la que en este momento me da el cobijo académico para poder dialogar con ustedes.
Tengo que aclarar que efectivamente soy un tanto un intruso aquí, porque no soy psicoanalista: mi profesión es la de Filosofía de la Ciencia, Epistemología; mi problemática es cómo surgen las teorías científicas y cómo se validan, cómo se pueden distinguir las buenas teorías de las malas teorías. Debido a mis tareas en la Universidad de Buenos Aires, eso me ha obligado a enfrentarme con colegas científicos tanto del lado de la física, de la biología y de las ciencias naturales como de las ciencias humanas. Paradójicamente, he tenido que enseñar problemas de fundamentación de la matemática al mismo tiempo que problemas de fundamentación de la sociología, y eso me ha permitido advertir que cada disciplina, cada ciencia, tiene problemas y crisis peculiares, y el epistemólogo puede colaborar a veces a solucionar ese tipo de problemas, aunque desde ya quiero declarar con la mayor humildad que nunca he pensado en los epistemólogos o filósofos de la ciencia como quienes estén facultados a dar órdenes y directivas a los científicos y, en este caso, a los psicoanalistas acerca de cómo metodológicamente pueden proceder. Yo veo más bien la actividad epistemológica