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«No cualquier análisis de fenómenos psicológlcos merecerá el nombre, de ‘psicoanálisis’. Este último consiste en reconducir una formación psíquica a otras que la precedieron en el tiempo y desde las cuales se ha desarrollado.»
Resulta ocioso insistir en que el psicoanálisis, tal como Freud lo concibió, consiste fundamentalmente en un estudio de procesos, entendiendo por proceso la transformación de los fenómenos en forma sistemática y sujeta a leyes.
En psicoanálisis, no se trata, por supuesto, de determinar la existencia o inexistencia de tales o cuales hechos de la vida del analizando ni de reunirlos con el objeto de construir una biografía, sino de reconstruir la intención y las causas de los fenómenos que constituyen en la actualidad un problema para el paciente y una incógnita para el investigador:
«La labor que nos incumbe cuando nos hallamos ante una idea desprovista de sentido o un acto sin objeto será, por lo tanto, la de descubrir la situación pretérita en la que tales ideas o actos poseyeron sentido y objeto, respectivamente.»
Ciertamente, este aspecto central del método psicoanalítico es compartido en su concepción por el método historiográfico(1): el historiador intenta responder a sus interrogates restableciendo las conexiones del hecho investigado