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Freud escribió: «La ciencia aspira a alcanzar una con-cordancia con la realidad, es decir, con lo que existe fuera de nosotros, y que es decisivo para la realización o el fracaso de nuestros deseos, tal como nos ha enseñado la experiencia. Esta coincidencia con el mundo exterior real la llamamos verdad. Este es el objetivo del trabajo científico» (11, p. 228, G. W., p. 185).
Para Freud, el psicoanálisis es una ciencia. Por eso, él hace de la búsqueda de la verdad su valor supremo, en contra de la Weltanschauung religiosa (11, p. 224, G. W., p. 181). Los ataques contra la verdad (identificada con la realidad psiquica) han llegado a ser, lógicamente, para algunos analistas postfreudianos, como, por ejemplo, E. Brenman (2), un asunto esencial de la cura de los pacientes difíciles, (2, p. 427, cf. también 3).
Sin embargo, también tenemos razones para desconfiar de la verdad:
1) Hay muy poca díferencia entre defender la verdad contra los ataques envidiosos y creerse que uno mismo la posee, lo que dispensaria de escuchar al paciente.