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La Redacción de la REVISTA DE PSICOANALISIS expresa su agradecimiento al doctor Luis F. Crespo, que ha proporcionado el texto que reproducimos a continuación, y que fue editado el año 1956 por la Editorial Tor, de Buenos Aires, en Los Creadores, de Stefan Zweig.
Séame permitido pronunciar a la vista de este féretro glorioso unas palabras de gratitud conmovida en nombre de los amigos vieneses, de los amigos austriacos y de los del mundo entero, y de servirme del idioma que Sigmundo Freud enriqueciera y ennobleciera magníficamente con su obra. Los que aquí nos hallamos unidos por el pesar común —huelga recordarlo— vivimos un momento histórico como el destino no ha de volver a brindárnoslo por segunda vez. Pensemos que, en cuanto a otros mortales —a casi todos ellos—, su vida, su coexistencia con nosotros termina para siempre en el escaso minuto en que se enfría su cuerpo. Mas ahora nos hallamos en presencia de los despojos mortales de un hombre único y sin par en esta época desconsoladora, cuya muerte no representa sino un fenómeno fugaz y casi insubstancial. El que nos deje no significa un fin, un término rudo, sino nada más que una transición suave de la mortalidad a la inmortalidad. En lugar de lo perecedero físico que hoy perdemos agobiados por el dolor, queda en salvo lo imperecedero de su obra, de su esencia. Todos los que aquí respiramos y vivimos, hablamos y escuchamos, todos nosotros tenemos, en el sentido espiritual, ni la milésima parte de vida que queda a este glorioso muerto en su estrecho ataúd terrenal.
No se espere de mí un panegírico de la obra que Sigmundo Freud cumplió en su vida. Ustedes conocen su labor. ¿Quién la ignora? ¿Hay alguien en nuestra generación