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Es común acuerdo en la epistemología actual considerar las teorías y modelos teóricos como una aproximación, siempre imperfecta, a una realidad inasible, incognoscible per se.
También es conocido el llamado «problema del inductivismo», referido a la necesidad de algún tipo de preconcepción teórica para hacer una valoración fecunda de los datos que recogemos de la realidad directamente a través de nuestros sentidos o por intermedio de algún instrumento. Instrumentos y métodos de recogida de datos que imponen añadidas preconcepciones teóricas y disciplinares.
En nuestra ciencia psicoanalítica, dada su juventud, lo especialmente complejo de nuestro objeto de estudio y las especialísimas peculiaridades del método, el obstáculo epistemológico «par excellence» de la inasibilidad de la realidad adquiere una dimensión extraordinaria.
Una de las singularidades de la especie humana desde la perspectiva biológica es la de su extraordinaria variabilidad genética. Variabilidad que los biólogos denominan precisamente «riqueza» genética. La extrapolación al campo de lo psíquico de dicha variabilidad constitucional no es en absoluto una osadía, tanto más si contemplamos las ingentes posibilidades de variación de culturas, subcultures e historias personales. Las series complementarias freudianas nos llevan de la mano a la postulación de una variabilidad (riqueza) psíquica que se complica exponencialmente desde la citada variabilidad genética. Todo