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Querido Sigmund Freud:
Tengo que impartir un seminario sobre el tema «Introducción al narcisismo», el artículo escrito por ti en 1914. Admito que parece presuntuoso invocarte personalmente a tal efecto, pero es que me veo con ciertas dificultades para emprender la tarea y creo que podré enfrentarla mejor si logro mantener un diálogo contigo, como el interlocutor con quien pudiera clarificar las dudas y ante quien plantear también objeciones y puntos de vista diferentes.
Las dificultades se deben —en gran parte— a que, además de tener que transmitir conceptos que han sido y siguen siendo fundamentales en la teoría psicoanalítica, siento deseos de objetar algunas de las consideraciones que has expuesto. Sin embargo, conociendo tu amor por la verdad y la honestidad que has demostrado en toda tu obra, seguiré adelante con dichas objeciones precisamente como un homenaje a tu integridad científica y a tu genio creador, a veces inhibido por la influencia ejercida por la ciencia oficial de tu época. Como se consideraba que lo «científico» era sólo lo susceptible de ser medido y cuantificado, muchos de tus descubrimientos geniales hubieron de ser ceñidos y coartados en su libertad para que cupieran en los moldes establecidos. Además, supongo que la reacción emocional determinada por tus discrepancias con Jung y Adler no ha dejado de ejercer también su influencia en tu manera de encarar algunos temas.