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Está de moda revisar la teoría freudiana de la seducción y acusar al creador del psicoanálisis de haber abandonado sus primeros descubrimientos sobre el trauma que afecta a la víctima de la seducción. Esto se debe a varios motivos en los que la conveniencia política y la preocupación por la reputación de la familia desempeñarían un papel esencial (J. Masson, 1984). Actualmente se multiplican las investigaciones sobre los abusos sexuales de los que serían víctimas tantas niñas y niños. Los padres incestuosos parecen ser legión. Es verdad que muchas niñas que sufren los ataques de sus padres se callan y que las madres no quieren escuchar sus quejas. También es verdad que la sociedad actual permite, a veces con complacencia, que se instalen situaciones muy traumáticas entre adultos y niños que están a su cargo.
También es verdad que los medios de comunicación dan cada vez más noticias de horribles crímenes sexuales de los que son víctimas con mayor frecuencia los niños. Por último, los castigos y los malos tratos de que son objeto los niños pequeños implican aspectos sexuales.
Pero no debe olvidarse que Freud inventó la teoría del Edipo y de sus fantasmas al intentar comprender el material que le traían, en el período protohistórico del psicoanálisis, sus primeras pacientes calificadas de histéricas y el material que acumulaba en torno al autoanálisis de sus propios sueños. El hecho de haber puesto en evidencia el papel de los fantasmas y de la seducción que sus propias pacientes intentaban ejercer sobre él, apoyando su