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I. En el seno de una relación transferencial positiva surge el siguiente sueño, soñado la víspera: «Veo la cara de mi padre, y sus ojos eran como dos lucecitas que se encendían y se apagaban.»
El padre había muerto dos meses antes del relato de este sueño. La primera asociación que surge es la de que los ojos de la paciente eran iguales a los del padre.
Las líneas asociativas conducen a las siguientes ideas latentes: me es intolerable aceptar la muerte de mi padre, y al venir aquí se cumple el deseo de que no ha muerto y de que me encuentro de nuevo con él; pero hay una dura realidad que me recuerda que está muerto (luces apagadas) y que no me puede ver que contrasta con mi deseo de que esté vivo (luces encendidas) y de que me está viendo.
Desde otro punto de vista, «mis ojos, que son como los suyos, alternan también entre el verlo (luces encendidas) y el no verlo (luces apagadas), entre el estar viva o el estar muerta, identificándome con él».
En esta imagen onírica de la cara del padre muerto se condensa una representación objetal, recuerdo de la cara del padre muerto, y al mismo tiempo una representación narcisística de la paciente a través de la identificación con el padre por el parecido —igualdad para el inconsciente-de los ojos.