You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
A cincuenta años de la muerte de Freud, la evolución del psicoanálisis y su expansión por el mundo han producido una diversificación de corrientes de pensamiento y de lenguajes analíticos que no comunican muy bien entre sí. Surge entonces un conflicto entre las distintas teorías, incrementado por las rivalidades de sus respectivos defensores.
Algo que los analistas seguimos teniendo en común es nuestra referencia a Freud como el fundador, tanto en lo que concierne a la práctica como a la teoría. La vigencia de Freud no es la vigencia de un saber constituido, sino la de los grandes problemas que él fue el primero en abordar, estableciendo los conceptos fundamentales del psicoanálisis, en los que han quedado plasmados un pensamiento y una práctica clínica que sólo en tanto que formulados pueden ser transmitidos, no como una ciencia acabada de una vez por todas, sino como un pensamiento abierto, viviente, que puede dar lugar a nuevas experiencias, a reactualizaciones y reformulaciones surgidas de un constante cuestionamiento de esos conceptos fundamentales.
Los avances en psicoanálisis no tienen nada que ver con el afán de originalidad ni con la actitud iconoclasta que sustituye a un ídolo por otro, y la producción analítica que pretendiera eludir la confrontación crítica con el sistema original freudiano correría el riesgo de quedar separada de sus raíces y extraviarse en la superficialidad.