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Acerca de la sublimación pueden plantearse múltiples respuestas, algunas coincidentes, otras discordantes, pero que dejan, sin embargo, a mi juicio, una serie de penumbras que no terminan de esclarecer la cuestión. En efecto, creo que no se produce el mismo desarrollo del tema en función de la manera en que uno se interroga sobre el mismo.
Uno puede hacerse la pregunta desde el ángulo de la sorpresa que produce la posibilidad de que la sexualidad pueda ser abandonada, resignada, en aras de las grandes creaciones de la cultura, el arte, la ciencia, la religión, la filosofía, etc. Pero también uno puede hacerse la pregunta inversa desde el ángulo de la sorpresa que produce que todas estas manifestaciones sublimes de la cultura, sin embargo, sigan sosteniendo la impronta de su pasado (¿por qué no presente?) sexual pulsional.
¿Qué debería entonces sorprendernos: la resignación de la sexualidad o, por el contrario, su insistencia?
Desde la pregunta formulada en primer lugar, se nos hace evidente que ponemos en el punto de mira de la sublimación todo lo que de alguna manera se articula con los procesos de producción simbólica, y entonces debemos ampliar nuestra pregunta en dirección a los determinantes que tanto subyacen a la producción simbólica (pasaje del proceso primario al secundario, represión y complejo