You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Al final de la 34.a conferencia de Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, Freud advierte del riesgo de reducir el psicoanálisis a terapia: «Les dije que el psicoanálisis se inició como una terapia, pero no quise recomendarlo al interés de ustedes en calidad de tal, sino por su contenido de verdad, por las informaciones que nos brinda sobre lo que toca más de cerca al hombre: su propio ser; también, por los nexos que descubre entre los más diferentes quehaceres humanos. Como terapia, es una entre muchas…» (Freud, S., 1976, t. XXII, p. 145.)
Con mi aportación no pretendo referirme a un estudio más de Freud, sino que intento situarlo en el contexto de sus reflexiones de psicología social. En particular, resulta conveniente indagar por la trabazón existente entre los planteamientos explicativos de la psicología individual y la psicología social. La originalidad de los escritos teóricos de Freud acerca de la cultura consiste en la audaz vinculación que realiza entre los resultados de la práctica psicoanalítica y las manifestaciones del mundo de los contextos sociales, culturales y también políticos. Debido a este procedimiento metodológico, parece inevitable que también se incurra en reducciones y simplificaciones cuando se describen los fenómenos sociales, pero ello no desvirtúa sustancialmente el valor de los planteamientos de Freud. La genialidad de su psicología social radica, en mi opinión, en el esfuerzo intelectual de convertir en útiles las tesis de la psicología de las neurosis, en lo que se refiere a la interpretación del significado de los fenómenos culturales; y esto, sin psicologizarlos, sino respetándolos en su marco social referencial. Con ello elude la