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Hay un fenómeno que aparece con cierta frecuencia en la historía de las ciencias y de las artes. El hecho es tan común que casi podría hablarse de una regla general, a saber: cuanto más importante e independiente es un descubrimiento, tanto más acentuadas son las resistencias y el desconocimiento del mundo ante el mismo. Y a la inversa: en la medida en la que una aparente novedad corresponde a lo que la gente desea —y la gente desea que no se cuestionen sus ideas previas—, con tanta mayor facilidad se acepta. En este sentido, la autenticidad y el calibre de la obra de Freud encontró una tenaz resistencia. El, que había rastreado con particular profundidad las fuerzas impulsoras de la mente humana, se vio constantemente rechazado. Le dolía la incomprensión que le rodeaba. Cuando alude en sus escritos a estos acontecimientos, se infiere la amargura de quien tuvo que soportar la intolerancia, la mezquindad y la difamación.
Voy a hacer un recorrido —aproximativo— histórico de las resistencias al psicoanálisis, con objeto de estructurar esta breve comunicación, y además porque este itinerario no nos aleja de las «resistencias, hoy», ya que todas ellas persisten en la actualidad mezcladas o sutilmente disfrazadas y actualizadas. En este sentido, me referiré sucesivamente a las resistencias iniciales del puritanismo, tanto «moralista» como de la medicina, de la psicología, de la filosofía, etc.; resistencias del narcisismo