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Las posturas teóricas se reflejan en la práctica clínica. Ello nos permite evaluar el grado de cientificismo de dichas posturas. El método del analista que propugna la formulación de interpretaciones en el punto de máxima angustia inconsciente del analizado ha de ser forzosamente muy distinto del del analista practicante del análisis de las defensas. Dejando aparte las consideraciones terapéuticas, concentrémonos en la perspectiva científica de ambos enfoques.
Cuando un analista hace interpretaciones sobre supuestos contenidos profundamente inconscientes, ¿cómo puede saber que dichas interpretaciones reflejan la auténtica realidad intrapsíquica del analizado? Sólo puede suponer esta certidumbre manteniendo que las teorías en que basa sus interpretaciones (generalmente, supuestos genéticos) tienen prioridad sobre el material producido por el analizado mismo. Dicho material se hace encajar entonces en el lecho de Procusto de los supuestos teóricos.
Este método tiende, invariablemente, a fusionar las asociaciones del analizado con esas asociaciones explicitadas del analista que llamamos interpretaciones profundas o “de contenido”. Las fantasías evocadas en el analista por el material del analizado suelen entonces interpretarse a éste como si se tratasen de las suyas propias. Se trata de un razonamiento ilógico, de un caso de pensamiento mágico en el que “el proceso primario no es interpretado a través del proceso secundario, sino a través de tal proceso primario”,