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La novela corta que escribió Thomas Mann con el título de Las cabezas trocadas es una pequeña joya de frescura y gracia, y se presta extraordinariamente para hacer un estudio psicoanalítico de lo que podríamos llamar la patología de la identidad.
Thomas Mann desarrolla el conflicto de Las cabezas trocadas en el marco solemne, aunque irónico, de una “leyenda india”, como la subtitula. Al ubicarlo en este contexto, nos instala de lleno en un mundo mágico y fantástico en el que todo se hace creíble y donde plantea el nudo de la situación dramática en términos inimitables.
Nanda y Chridaman eran dos jóvenes “poco diferentes en años y casta” que en lejanos tiempos, y en la remota India de los brahamanes, mantenían estrecha amistad. Chridaman era comerciante y nieto de brahamanes y Nanda era de familia de herreros y pastores. Juntos compartían sus horas de ocio, hallando gran placer en su mutua compañía, y, si salían a cumplir encargos o trabajos, repartían sus provisiones y la carga.
Juntos se encontraban también, discurriendo sobre religión y el conocimiento de las esencias, cuando sorprendieron, casualmente y sin que ella lo adviertiera, a Sita, hermosa