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“Aunque esto sea locura, todavía hay en ella cierto método.”
La psicosis son trastornos que han suscitado no sólo muchas controversias científico-médicas, sino también un gran interés entre filósofos, humanistas, artistas y la población general. Lo que ha estimulado la imaginación de tantos es la idea de la “locura”. La pérdida de las facultades mentales, el descontrol de nuestros pensamientos y conducta, no es vivenciado como cualquier otra enfermedad: amenaza la esencia misma de nuestra personalidad, el núcleo de nuestro sentido de identidad, la cohesión de nuestro self. Esto es lo que da cuenta de la fascinación que la psicosis ha ejercido sobre tantos hombres y lo que explica los intentos, frenéticos a veces, por comprender y enmarcar este trastorno, es decir, por poner un cerco racional a la sinrazón. Los psicoanalistas tampoco nos hemos sustraído a ello, aun sin ser esta la patología para la que nuestros métodos terapéuticos fueron ideados.
Freud, Jung y Bleuler, los pioneros de la comprensión dinámica de la psicosis, opinaron que las manifestaciones patológicas de estos enfermos debían ser consideradas distorsiones de procesos mentales normales. Se han propuesto numerosas teorías sobre el desarrollo psicológico del individuo psicótico. Vaya por delante mi opinión de que éstas parecen explicar más el “cómo” que el “porqué” de la evolución psicótica . Los hallazgos (reales o supuestos) neurohistológicos, bioquímicos, etc., sobre la etiología y patogenia de las enfermedades psicóticas (en especial, la esquizofrenia) no van en contra, como a veces se piensa, de la necesidad de una comprensión profunda de la mente psicótica. Recuerda uno aquí el pronunciamiento del controvertido Laing : “Podremos conocer… todo lo que pueda