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“Otras dificultades se suman para detener nuestro progreso. Las afecciones narcisistas y las psicosis relacionadas con ellas sólo pueden ser desentrañadas por observadores formados en el estudio analítico de las neurosis de transferencia. Pero nuestros psiquiatras no estudian psicoanálisis, y nosotros, los psicoanalistas, vemos muy pocos casos psiquiátricos. Primero tiene que surgir una raza de psiquiatras que haya pasado por la escuela del psicoanálisis como ciencia preparatoria.”
Decía Ortega y Gasset: “Una lengua es un sistema de signos verbales merced al cual los individuos pueden entenderse sin previo acuerdo, al paso que una terminología es-inteligible si previamente el que escribe o el que habla y el que lee o escucha se han puesto individualmente de acuerdo sobre el significado de los signos.”
El que algunos términos que se utilizan en el campo de la psiquiatría tengan un significado diferente en psicoanálisis y la transmisión de los conocimientos en diferentes lenguas y con distintos esquemas referenciales ha dado lugar, concretamente, a un uso equívoco del término psicótico; equívoco que se constituye en obstáculo infranqueable para el progreso del conocimiento y para la práctica que del mismo se deriva. Es necesario saber, pues, a qué se llama psicótico.
En este sentido, y siguiendo a Ortega, se trataría de que en nuestra posterior discusión podamos entendernos mediante un acuerdo grupal previo para definir el adjetivo “psicótico” tanto aplicado al sujeto como al síntoma, lo que necesariamente implica renuncias semánticas individuales.
Me ha parecido que la utilización del Ser y del Estar, sin connotaciones filosófico-existenciales y sin renunciar a la noción de estructura, puede ayudarnos a discernir ambas conceptualizaciones. Pensando en español, podríamos usar