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1. Juana de Castilla y Aragón, la madre de Carlos V, es conocida en la historia como Juana la Loca. Hubiese podido gobernar como reina en una España unificada por los Reyes Católicos, políticamente influyente y poderosa; y además hacerlo también en las posesiones de ultramar. Sin embargo, permaneció retenida durante casi 50 años en el Castillo de Tordesillas; primero como prisionera de su padre Fernando de Aragón, después de su hijo Carlos V. Mediante su reclusión fue marginada políticamente y se le sustrajo su capacidad de gobernar. Por lo común, para sus modernos biógrafos varones (1), ella fue víctima emocional y política de su marido, de su padre y de su hijo, a la vez que todos los autores mantienen la afirmación de su locura. Sólo Bergenroth (2) sostiene que fue víctima de la inquisición, a causa, al parecer, de sus actitudes religiosas de carácter herético. Las convicciones personales, dadas por evidentes, de los biógrafos son responsables de que la locura de Juana sea considerada como condicionada por la herencia o por las circunstancias de su vida. Para Pfandl (3) es una esquizofrénica, para Rodríguez Villa (4) era una locura de amor. Otros ven en su comportamiento tras la muerte de su marido, una señal inequívoca de su locura (5). Pero también existe la idea de que su enfermedad sólo irrumpe después de su encierro en Tordesillas (6).
Este trabajo, mediante la interpretación psicoanalítica de seleccionadas fuentes originarias, trata de mostrar los contextos inconscientes de las motivaciones, que pueden haber determinado la conducta y la actuación política de Juana. Intenta dar una respuesta de por qué la reina se comportó de manera pasiva en el campo político y nunca intentó asumir el gobierno de Castilla que le correspondía.