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Michael Ende publicó La historia interminable en 1979. En 1984 llevaba cuatro años a la cabeza de los libros más vendidos en la República Federal Alemana, se había traducido a 27 idiomas y la cifra de volúmenes vendidos superaba los cuatro millones.
Cabe preguntarse, desde el punto de vista psicoanalítico, dónde reside el secreto de su atracción. Otros autores, desde otros vértices sociológicos, artísticos, filosóficos, también se han formulado la misma pregunta, sugiriendo respuestas más o menos afortunadas.
En mi opinión, su autor Michael Ende ha tenido el gran impulso creador de escribir, en pleno siglo XX, un libro inscrito en la gran tradición de los cuentos de hadas, de las mil y una noches, libros casi mágicos que, como dice Bethelheim, hablan al consciente, al preconsciente y al inconsciente, sea cual sea el nivel de funcionamiento de cada uno de los sistemas en cada instante.
En los cuentos de hadas, los procesos internos se externalizan y se hacen comprensibles. Son, como dice Chesterton y Lewis, “exploraciones espirituales y, por tanto, lo más parecido a la vida real, porque rebelan la vida humana vista, sentida y vislumbrada desde el interior”.