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Aunque el concepto —guerra— parezca tan sencillo como utilizado, su extensión terminológica parece abarcar desde los más ínfimos movimientos contrastados hasta los conflictos más insólitos.
El denominador común que se desprende de esta vasta trayectoria sería el de la imposibilidad de superación del conflicto y su degeneración a soluciones actuadas.
Así pues, podemos considerar que existen muchas clases de guerras: las intrapsíquicas, relacionales, grupales, sociales, mundiales, etc. Cada una de ellas podría ser motivo de una reflexión diferenciada y matizada en cuanto a su inicio, desarrollo, evolución y finalización bajo la forma destructora.
Por otro lado, las perspectivas desde donde se pueden estudiar las guerras son tan numerosas como variadas: perspectivas políticas, sociológicas, etnográficas, filosóficas, económicas, etc., y, entre ellas, la perspectiva psicoanalítica.
La revisión de la relativamente extensa bibliografía psicoanalítica sobre las guerras nos indica que desde el principio del psicoanálisis la preocupación por un fenómeno que revela la incapacidad psíquica para negociar conflictos no ha dejado indiferentes a los que por su especificidad se ocupan de los procesos mentales y su capacidad creadora.
Se trata en su mayoría de trabajos sobre psicoanálisis aplicado a los fenómenos sociales, culturales e incluso políticos. Resumirlos sería tarea de titanes, pero esbozaré brevemente algunas características que permitan vislumbrar una panorámica de su interés y actualidad.