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Estamos ante un libro excepcional; uno de los pocos que se dedican a hablar de nuestra sociedad humana y merece la pena leer. ¿Por qué?: porque en vez de elucubrar en el vacío sigue un método poco usual, el que se llama filosofía de la praxis. Una filosofía que da la misma importancia a la idea que a la acción, y ninguna de ellas es prioritaria, sino que ambas se complementan entre sí corrigiéndose y fecundándose mutuamente.
Esta filosofía procede de dos caminos que no se influyeron entre sí: uno el del marxismo (de Marxy no de sus seguidores, según el análisis que de él hizo Henri Lefèbvre, y le valió la expulsión del P. C. francés); y, por otro lado, el del pensador católico —hoy desgraciadamente casi olvidado— Maurice Blondel, con su genial obra de 1893 titulada L. Action.
Y el psicoanalista R. Waelder es maestro en el uso de este método en su libro sobre Progreso y revolución.
Waelder es un físico nacido en el último año del pasado siglo (en ); que se adentró por los vericuetos del psicoanálisis freudiano, siguiendo el mismo método que emplea en la obra que comento. Y ello le valió el juicio en extremo favorable de la hija de Freud, que lo consideraba el que mejor había comprendido la obra de su padre.
En 1938 emigró a Norteamérica, huyendo del nazismo, y llegó a pertenecer muy activamente a la Sociedad Psicoanalítica Americana, a pesar de que por aquel entonces no admitían a no-médicos; y fue también profesor de esta materia en la Universidad Thomas Jefferson.