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Isabel I de Inglaterra y María Estuardo de Escocia, dos grandes mujeres de la Europa del siglo XVI, que por sus circunstancias personales de parentesco, vecindad y acontecimientos de su momento histórico, han quedado ligadas para la posteridad por una tumultuosa relación llena de ambivalencia, que culminaría con la tragedia del ajusticiamiento de María en Inglaterra, condenada por alta traición, después de veinte años de confinamiento, durante los cuales las intrigas entre ambas mujeres aparecen teñidas de una intensa tonalidad afectiva.
Desde la perspectiva psicoanalítica, algunos elementos de esta relación pueden comprenderse mejor si se tienen en cuenta las circunstancias personales de ambas, que habrían podido facilitar el entrecruzamiento fantasmático de imagos parentales, así como sus propias estructuras psíquicas con importantes componentes narcisistas, lo que da a su relación una especial tonalidad afectiva de amor-odio.
Sin entrar, pues, en una análisis detallado de los posibles rasgos de personalidad de cada una de ellas, me limitaré a considerar aquellos elementos específicos confluentes en la relación entre ambas reinas, cuyas cartas comenzaban siempre con el epígrafe “Querida hermana”…
Ambas reinas eran descendientes en línea directa de Enrique VII Tudor, Rey de Inglaterra, abuelo de Isabel y bisabuelo de María, circunstancia que situaba a ésta en la