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“El bebé mira la forma en que es mirado por su madre”. Esta hermosa expresión de Winnicott sugiere la manera en que se constituye inicialmente el sujeto y permite entender en forma no empirista la metáfora de Freud, “el analista como espejo”. Esta idea, que ilumina la intersubjetividad, nace de un bello diálogo entre Winnicott y Lacan. Al comienzo de su artículo, Winnicott hace saber al lector cómo ha leído el estudio de Lacan: El estadío del espejo. Habiendo reconocido sus fuentes tiene toda libertad para repensarlo y haciendo esto, proporciona, al lector otra libertad. Poniéndole inmediatamente en situación de reconocer la altendad de los dos autores, le ahorra tener que “sospechar” del texto, pensando, por ejemplo, que “era una idea de Lacan”.
Esta matriz dialéctica propuesta por Winnicott en forma de diálogo entre psicoanalistas constituye para mí un ideal de creación. En efecto, por una parte evita el escollo del eclecticismo, ya que Winnicott permanece fiel a su propia concepción de la formación psíquica. Resulta de ello que la teoría de la relación de objeto puede articularse con el concepto de la relación intersubjetiva. Además, Winnicott no teme, al citar sus fuentes que se ponga en duda la originalidad de sus ideas. De hecho, la identidad de su pensamiento se fortalece con ello. Me parece que la función de reconocimiento está en el origen de la creación.
Cuando Winnicott no era reconocido por un autor, se lo señalaba mediante una carta y le decía: “Ahora que ya le he comunicado mi manera de pensar, me siento libre para considerar las ideas de usted.” Winnicott, con este gesto (2), liberaba al olvidadizo.