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La experiencia clínica acumulada de muchos analistas ha hecho que en estos últimos 50 años hayamos tomado consciencia progresiva de la importancia del análisis de las defensas en sus proteicas manifestaciones para el tratamiento psicoanalítico de las neurosis y las caracteropatías. La mayoría de los analistas estamos de acuerdo hoy día en que la interpretación de la resistencia debe preceder a la interpretación del contenido. A medida que hemos ganado experiencia en lo intrincado de la articulación y oscilaciones de los mecanismos defensivos y su manifestación resistencial en la clínica, nos hemos dado cuenta de que los efectos terapéuticos esenciales de nuestras técnicas radican en el análisis concienzudo de dichos mecanismos. Esto fue intuido ya por Fenichel, cuando dijo: “Uno de los estímulos para el desarrollo de la llamada ‘psicología analítica del Yo’ fue la comprensión de que el análisis de la resistencia es el agente terapéutico real” (1941, pág. 106).
A través de nuestra labor analítica intentamos que el Yo del paciente permita a los derivados pulsionales del Ello una expresión cada vez más libre. Queremos que el Yo del analizado tolere progresivamente el afloramiento a la consciencia de dichos derivados, y pueda, o satisfacerlos más directamente, o controlarlos voluntariamente. Durante todo el análisis nos esforzamos porque el paciente aprenda a no poner coto al pensamiento. Al revés de lo que ocurre con la conducta, no hay razón intrínseca real para poner límites a éste. Deseamos que el paciente comprenda que las resistencias opuestas a la libre asociación reflejan la percepción de un peligro interno ante la evocación de recuerdos o fantasías específicas.