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1. Hay en nuestra disciplina conceptos fundamentales, como, por ejemplo, los de Inconsciente, Transferencia o Deseo, que justamente por serlo merecen una reflexión teórica continua, y que, sin embargo, resultan los más resistidos para esa reflexión. Como si interrogar a los fundamentos fuera un riesgo para el edificio entero, con lo cual muchas veces las interrogaciones son tildadas despectivamente de filosóficas, epistemológicas, etc., denunciándose así una supuesta resistencia contra lo que sería lo “psicoanalítico psicoanalítico” en sentido estricto. Pero resulta que lo “psicoanalítico psicoanalítico” termina en una retórica tautológica que no implica una actitud menos resistencial, sino que oculta una filosofía o una epistemología espontánea, que como toda formación ideológica no cuestionada se ampara en un bastión narcisista y en una resistencia mayor aún a lo que el inconsciente compromete. Ocurre así lo mismo que en los estados totalitarios de corte fascistoide, donde la explícita erradicación de lo político sirve para encubrir mejor una determinada política al servicio de determinados fines e intereses.
2. Con el concepto de deseo inconsciente es con el que debemos mantener con fuerza esa interrogación. En primer lugar, porque ocupa un lugar central desde Freud como motor de toda producción de lo inconsciente; en segundo lugar, porque parecería que en ciertos posfreudismos ha perdido el lugar nuclear que sí tenía en la teoría fundante, con todas las consecuencias allí implicadas, y, finalmente, porque los desarrollos clínicos y técnicos relacionados con la cura son muy diferentes en una concepción en la cual el deseo inconsciente