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Creo que tiene razón el autor cuando estima que es una actitud frecuente entre los psicoanalistas el prestar más atención a los aspectos clínicos y terapéuticos de nuestra actividad profesional que a la crítica metodológica de la misma. El propósito fundamental de Cruz Roche a lo largo de su obra será aportar toda una serie de argumentos que apoyen la consideración del psicoanálisis como un cuerpo de doctrina que permite el abordaje de la realidad de una manera “científica”. Como sabemos, el mismo Freud no era ajeno a este planteamiento, que responde a la necesidad de facilitar nuestra integración dentro del campo de la ciencia a través de un esfuerzo de rigor observacional, metodológico y de comunicación.
Partiendo de que el psicoanálisis estudia el psiquismo humano con métodos estrictamente psicológicos, Cruz Roche le sitúa dentro del “Mundo de las experiencias subjetivas” (Mundo 2), según la clasificación de K. Popper. Se diferencia así de las ciencias de la naturaleza pertenecientes al “Mundo de los objetos físicos” (Mundo 1) y de las ciencias culturales, que pertenecen al “Mundo de los productos de la mente humana” (Mundo 3). La consecuencia epistemológica fundamental de esta clasificación es que la pertenencia a este Mundo 2 exige una metodología específica que el psicoanálisis ha creado, tal como demuestra el autor a continuación.
El objeto del psicoanálisis ha evolucionado desde la investigación del inconsciente del otro al estudio del proceso de la relación transferencia-contratransferencia. Aquí, el observador (analista) es a la vez participante. El método psicoanalítico está basado en el hecho de que la mente humana