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En general, tan en general, como para que sea raro encontrar la excepción, el psicoanálisis aplicado se mueve como la ameba con la que ejemplificara Freud las primeras incorporaciones del temprano yo narcisista, esto es, atrae hacia su cuerpo teórico psicoanalítico datos obtenidos — cuando no ya procesados- por otras ciencias con sus específicos métodos y los engloba para elaborarlos en su interior, como si se tratara de los fenómenos que recoje de sus pacientes en su propio campo de trabajo.
Sin duda, Freud fue más cuidadoso de las diferencias entre los materiales a estudiar cuando escribió El múltiple interés del psicoanálisis y en Tótem y Tabú, de fecha tan próxima al anteriormente citado, no intentó remitir ningún fenómeno social a un origen inicialmente psicológico sino que por el contrario, inscribió en un estado social arcaico tal como era hipotetizado en su tiempo (la horda), un episodio dramático, igualmente social y destinado a ser el origen de un estado psicológico de las generaciones futuras.
Este punto de partida en lo real externo (como en el fenómeno de la latencia o en las protofantasias), que atestigua la posición materialista de Freud y que es la base de su dialéctica mucha más veces alcanzada que fallida, es también el asumido por la autora en el planeamiento y desarrollo de su investigación psicoanalítica sobre materiales históricos, etnográficos y sociológicos, trabajo que dedica a Pichon-Rivière y en el que profundiza la comprensión que lograra en los libros anteriores Algunos mitos latinoamerianos. Su interpretación