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Freud, el judío que regresó de Egipto es un ensayo que recoge la clase inaugural de Arnoldo Liberman como profesor invitado en el Master de Teoría Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid.
“La clase es tendenciosa… No he evitado mis propias inclinaciones personales”, dice Liberman, liberándose así de los prejuicios de la objetividad y arrojándose al vacío con sus inquietudes de psicoanalista, ensayista y poeta, para convertir el texto en un auténtico espacio transicional en el que nos sumerge en las vibraciones de nuestras propias encrucijadas identificatorias.
Arnoldo Liberman, siempre fiel a sí mismo, nos regala un recorrido por la vida y obra de Sigmund Freud como nunca nadie lo había hecho antes, eludiendo las doctas respuestas y proponiéndose a sí mismo como mero “disparador de interrogantes”.
Liberman hace suya la pregunta de Freud sobre la posible relación entre el rechazo del psicoanálisis y la condición judía de su creador: ¿ha sido una simple casualidad el hecho de que el creador del psicoanálisis fuese un judío? ¿Qué marcas de la cultura judía están presentes en el pensamiento psicoanalítico? Se trata, como lo sostenía la ideología antisemita, ¿de una ciencia judía?
Pese a la complejidad del tema, Liberman va dibujando el perfil judío de Freud sin dejarse nada en el tintero: la relación ambivalente con el padre, el entusiasmo temprano por la Biblia, la influencia de las lecturas talmúdicas, el jasidismo de sus antepasados y los chistes judíos son algunos de los aspectos que focaliza como huellas que se pueden rastrear a lo largo de la obra de Sigmund Freud, quien afirmaba que “la fe de los padres no puede ser negada impunemente cuando se es un hijo y se tiene hijos”.
Se trata de un texto apasionado en el que A. Liberman nos lleva de la mano para hacernos conocer la Viena de fin