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¿Qué pone en juego el término sublimación tal y como lo define el “Diccionario de uso del español” de M. Moliner? (24). Por una parte, una metáfora perteneciente a la categoría de la estética filosófica. Llamamos sublime a aquella obra cultural que se aproxima a determinados ideales de perfección; aquella que contiene ese elemento de verdad, de belleza, de divinidad, de absoluto, que la obra encarna. Por otra parte, hace referencia a un proceso físico-químico: el paso de un sólido al estado gaseoso directamente. Algunos cuerpos sólidos tales como el azufre, el ancanfor, el yodo, poseen naturalmente esa propiedad; a otros se los somete industrialmente a ese proceso volatilizándolos primero por el calor y luego condensándolos en forma líquida por medio del frío, a fin de obtener un mayor grado de pureza.
Curiosamente, pues, en ambas acepciones hay algo de común, la búsqueda de la pureza, del ideal, algo que trascienda un determinado estado de naturaleza, ya expontáneamente, ya artificialmente.
Tomemos ahora la definición freudiana de sublimación del “Vocabulaire de la Psychanalyse” de Laplanche y Pontalis, 1967 (22):
“La sublimación es el proceso postulado por Freud para dar cuenta de actividades humanas aparentemente sin relación con la sexualidad, pero que encontrarían su impulso en la fuerza de la pulsión sexual. Freud ha descrito como actividades