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“No podemos bañarnos dos veces en el mismo río.”
En la mayor parte de mis trabajos previos he sostenido la necesidad de revisar y actualizar en forma permanente los bastiones teóricos que sustentan nuestra práctica clínica. Para mi manera de ver, esta deseable actitud nos preserva de la utilización dogmática de la teoría, y la vitaliza en la interacción con dicha práctica.
Mi propia reflexión acerca del cambio psíquico pretende enmarcarse en esta postura que involucra al cambio en su sentido más amplio, y de paso tratar de rescatar los aportes que en este mismo sentido han realizado algunos conspicuos exponentes del ya vasto pensamiento psicoanalítico argentino.
En este orden de cosas, y en lo que atañe a este trabajo, pretendo postular que la idea de cambio psíquico me parece más acorde con el enfoque dialéctico que, a mi entender, hace David Liberman respecto de la psicopatología.
Consecuente con esta postura dialéctica, a mi entender, la noción de cambio no puede desvincularse de su contraparte, la resistencia al cambio, y es así que, como par en oposición, configura el vector dinámico del proceso psicoanalítico: la alternancia de tendencia al cambio-resistencia al cambio sería, pues, el pulso vital, la sístole y la diastole entre lo nuevo desconocido y el aferramiento a lo viejo conocido y seguro, por donde transcurre dicho proceso, que involucra a ambos miembros del diálogo analítico y que conlleva como meta un cambio psíquico.