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Tras los Simposios de , y , dedicados al estudio de los factores terapéuticos en psicoanálisis, se nos propuso en el último Congreso Internacional en Buenos Aires el tema del Cambio Psíquico. Pese a ciertas consideraciones me parece preferible mantener la utilización del término terapéutico por una serie de razones. Con esta denominación se distingue claramente entre la posibilidad de un cambio “terapéutico” deseable y la de un cambio “antiterapéutico” indeseable, que también se puede observar en nuestro trabajo clínico y sobre el que determinados aspectos técnicos en la clínica pueden tener responsabilidad, tal como nos advirtió H. Rosenfeld en su libro postumo: Impasse and Interpretation.
La idea de “no cambio”, utilizada frecuentemente como expresión de un fracaso clínico, es claramente inadecuada. Nada en la realidad, no solamente psíquica, sino incluso física, permanece estático. La realidad está transida radicalmente por una temporalidad que la modifica continuamente; desde la evolución de las partículas subatómicas hasta el desarrollo de los grandes objetos astronómicos, pasando por la vida mental. La idea de “no cambio” no es sino la expresión de una muy frecuente dificultad para tolerar esa serie continua de duelos y microduelos que conforman la vida psíquica.
La apariencia de no cambio en psicoanálisis es, de hecho, un cambio peyorativo; se ha perdido un muy importante tiempo vital, expectativas, ilusiones, y frecuentemente se han reforzado (y esto es un cambio negativo) mecanismos de rechazo a la continuación del crecimiento mental. El intento de mantenimiento de criterios de adaptación y relación