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«Siempre, desde pequeño, me ha encantado ir a la peluquería.”
Así comienzan la película y los comentarios del director del film sobre la gestación de esta bella e interesante historia, que no es autobiográfica, aunque bien podría haberlo sido.
Siempre, desde pequeño, me ha encantado ir a la peluquería. Con doce años ese placer se hizo aún más intenso cuando empecé a frecuentar a una peluquera. Más que ninguna otra cosa me encantaba la manera en que esa mujer se acercaba a mí; olía muy bien, era amable y tenía una voz dulce y pausada.
Imaginaba que quien viviese con ella debía ser el hombre más afortunado y feliz del mundo. Desde entonces me juré a mí mismo que un día me casaría con una peluquera.
Sin embargo, el destino me había preparado otros planes bien distintos.
El no casarme nunca con una peluquera fue, sin duda, lo que produjo en mí la necesidad de hacer esta película, esta historia que bien pudo haber sido la mía propia. “El marido de la peluquera” es una historia de amor. No quería compartir el guión con nadie. Tenía la impresión de que la historia era tan cercana a mí que no quería que nadie anduviera metiendo las narices en ella. No es autobiográfica, aunque bien debería haberlo sido.