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El haber sido convocada a escribir esta historia la convierte a mis ojos en una historia de amor, principio que sitúa las tres coordenadas de mi trabajo:
La convocatoria: el deseo de un otro.
A mis ojos: el deseo de uno mismo.
Una sola historia de amor: relato del encuentro entre las pasiones (pulsiones) de amor y de odio.
Edipo es el héroe de nuestra epopeya psicoanalítica, que tiene tantas versiones como sujetos alcanzan a interrogarse por sus faltas. ¿Y Narciso? Narciso es una versión de Edipo, es la encrucijada y el enigma. En este sentido es el acceso, la puerta de entrada. Aunque también puede ser una flor, producto cosificado del mito estético y estático que impide el desenvolvimiento del sujeto psíquico. El funcionamiento narcisista es una visión del encuentro que origina el amor, que implica tanto al objeto como al sujeto. Una sola historia de amor, de deseo, es la reconstruida a propósito del nacimiento del sujeto psíquico que se pregunta por sus orígenes: tanto del yo como del otro. Es una novela de fantasmas ligados al deseo en un doble sentido omnipotente y objetal, tramando dónde encontrar la fuente de placer: en el yo y/o en el otro.