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Dan a entender los autores que probablemente el conocimiento no correcto de la propia contratransferencia, cuando Freud analiza a su hija Ana, hizo que en 1925, al teorizar sobre la sexualidad femenina, la excluye del contexto de la teoría sexual tal como se encuentra en las ediciones sucesivas de los “Tres ensayos”, teoría en la que situaba a la chica en posición simétrica al chico y su sexualidad era paralelamente tributaria de un Edipo organizador. A partir de 1925, la sexualidad femenina va a estar incluida en la diferencia de sexos y renuncia a comprenderla en términos de conflictos pulsionales, prefiriendo centrarla en una “realidad” -la falta de pene- y no en necesidades internas y juego de equilibrios dinámicos. Según esto, la envidia del pene pasará a ser la mayor responsable del desarrollo libidinal de la mujer. El Edipo será secundario en ella y tendrá un papel reparador, pues si la chica se vuelve hacia el padre lo hace en tanto que éste es prolongación de un pene capaz de darle un niño, que a la larga será el sustituto del pene que ella no tiene, si bien esto sólo tendrá un sentido de consolación. En este contexto, la madre será considerada como la responsable de su falta de pene. Mientras el complejo de masculinidad aparecerá entonces como defensa contra los deseos incestuosos.
Para explicar el porqué de este cambio en la teorización expuesta en Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia entre los sexos , los autores hacen una serie de hipótesis que fueron estudiadas y expuestas en un seminario con el título del trabajo de Freud en 1925. El seminario se llevó a cabo en el Instituto de Psicoanálisis y también intervino Catherine Couvreur. Sus deducciones se basaban en documentos inéditos aparecidos en dos biografías de Ana Freud recientemente traducidas al francés, una de ellas la de Elisabeth Young-Bruehl, quien pudo manejar amplios archivos